Junio Guayana

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lunes, 15 de junio de 2015

INTRODUCCIÓN GENERAL

Los escritos bíblicos casi siempre están llenos de figuras donde el trabajador campesino es protagonista por excelencia. No aparece el albañil ni el mecánico. Se cuenta de los pastores de ovejas, así como del carpintero José y de su hijo Jesús de Nazaret. Mas Jesús, no era obrero rural ni productor agrario, pero la simple observación de la vida sacrificada del campesino inspiraba en él hermosas moralejas de la agricultura y de la crianza de ovejas.

Aunque hoy se ha determinado que nuestro planeta nos sustenta con alimentos, agua, oxígeno y protección solar, son los agricultores los que saben aprovechar la fertilidad de la tierra, y siembran, y cosechan, y nos traen y nos venden sus productos cultivados agroecológicamente.

 La ciudad no posee la virtud que ofrece la vida rural. Está más que demostrado que mucha gente ha progresado sin sufrir los riesgos socio políticos y laborales de las ciudades por ser epicentro del disenso y vida conflictiva de las fuerzas vivas que luchan por cargos políticos.

 En esta época de crisis los predicadores deben enriquecer su apología del tiempo del fin con el fuerte llamado de salir de las grandes ciudades. Sin embargo, salir de las ciudades al campo sin un plan de inversión y de adaptación gradual a ese estilo de vida, es un riesgo que conduce al fracaso. Nadie debe salir de la ciudad como huyendo de un enemigo que no existe.

 Pero será un éxito total si se aplica la economía solidaria, de cayapa, que entre todos es mejor. Porque, como vamos a descubrir, el pobre que quiere abandonar la ciudad debe hacerlo en asociación colectiva, en comunidad cristiana de hecho y de derecho.

 Debe desterrarse la mala idea que el trabajo es rudo. Existe un adelanto científico técnico de la granja integral y de la agro ecología que hace fácil la práctica diaria de la vida campesina. Alcanzar ese objetivo, por lo tanto, es encontrar respaldo financiero y sólo la Providencia divina lo puede dar.

 El milagro financiero se manifestará por la dinámica de un gran colectivo que hace suya la responsabilidad social y en la comprensión del concepto holístico del deber cristiano y de no depender del “mundo”, sino de la manifestación sobrenatural del poder de Dios. 

Ciertamente “todas las personas” estamos sujetas a la ley y somos corresponsables del aspecto social de nuestros congéneres. No hay excusas para eludir “lo social”. El filósofo griego Platón (Atenas, 427 - 347 a. C.) fue el primero en intentar definir la vida Hoy y a Casi dos mil años atrás San Pablo usó esta definición pero añadió lo espiritual y afirmó que somos “espíritu, alma y cuerpo” (1Tesal. 5: 23). El año 1948 la Organización Mundial de la Salud ha confirmado una perfecta estructura de vida humana como seres bio psico sociales y ecológicos. Y afirma: “La salud es el bienestar de lo físico, lo mental, y lo social, no solamente la ausencia de enfermedad o dolor”.

En vista de la concepción holística del ser humano la Asamblea Nacional Constituyente de Venezuela del año 1999 lo establece como deber patrio. El Artículo 132 reza lo siguiente: "Toda persona tiene el deber de cumplir sus responsabilidades sociales y participar solidariamente en la vida política, civil y comunitaria del país, promoviendo y defendiendo los derechos humanos como fundamento de la convivencia democrática y de la paz social".

Esta responsabilidad social viene dada desde la antigüedad cuando se establece el diezmo para los pobres en Deuteronomio 14: 28, 29 y que nos tocará estudiar.

El paradigma cristiano, que resuelve el desempleo, la pobreza y el hambre, es la cayapa, que entre todos es mejor. Y se nos revela bíblicamente: “Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él (Cristo), sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre. Y DE HACER EL BIEN Y DE LA AYUDA MUTUA NO OS OLVIDÉIS; porque de tales sacrificios se agrada Dios” (Hebreos 13: 15, 16).La mayúscula es nuestra.