“Amar al prójimo como a uno mismo”
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Estoy iniciando en este blog mis reflexiones de tipo religioso, porque las hay. Pero permanecen como ocultas. Son difíciles de detectar en un país donde las desigualdades de género están naturalizadas y cotidianizadas, donde no se perciben como un problema, y su atención no constituye una necesidad y menos aún una prioridad para la mayoría de la población.
“Prójimo” es alguien cercano, familiar. De la misma raza, clase social. Religión. No incluye a otros: extranjeros; si soy rico, excluyo al pobre. El pobre juzga y condena al rico.
Desde que el Teniente Coronel (F) Hugo Chávez F. Logró en su primer mandato (2 de febrero de 1999 – 5 de marzo de 2013) como Presidente de Venezuela redactar una nueva Constitución y ser aprobada en Referéndum por el propio pueblo, aquí en nuestro país se tiene la más alta conciencia de leyes y de justicia social.
Desde el punto de vista religioso, quien llega a amar a Cristo, porque Él le amó al entregar su vida en rescate al morir por él en la cruz, para perdón de sus pecados, guarda sus mandamientos (“SI ME AMÁIS, GUARDAD MIS MANDAMIENTOS” S.Juan 14: 15). Toma plena conciencia de los deberes espirituales para con su Creador y Salvador establecidos en los cuatro primeros mandamientos de la ley... Así como plena conciencia del deber social (“amar al prójimo como así mismo”) que establecen los seis mandamientos restantes.
Tener plena conciencia de la ley de Dios y sus mandamientos no avergüenza a nadie. Sobre todo el amar a nuestros congéneres, que es la expresión genuina de verdadera religión cristiana.
Amar, expresar solidaridad social representa la perfecta condición de ir a salvar, o como le dijo Cristo a Pedro: “pescar hombres”, también mujeres, niños y adolescentes. Nunca a salvar “almas” porque sería la más absurda aberración de la predicación del evangelio. Porque poco a poco, sin que nadie se dé cuenta, ya no importaría dar de comer, dar de beber, vestir al desnudo, visitar a los enfermos y a los presos, porque sólo interesaría salvar el “alma”. Esto es discriminación y una terrible aberración.
¿Qué es la discriminación?
La Discriminación es toda distinción, exclusión o restricción que basada en el origen étnico o nacional, sexo, edad, discapacidad, condición social o económica, condición de salud, embarazo, lengua, religión, opiniones, preferencias sexuales, orientación sexual, identidad de género, estado civil o cualquier otra que tiene por objetivo impedir, anular o menoscabar el ejercicio, goce o disfrute de los derechos y la igualdad real de oportunidades de las personas.
La religión discrimina de tal manera al ser humano enfermo, necesitado, que lo abandona totalmente, como lo expresó Cristo en su parábola del buen samaritano (Mateo 25: 31-46). El cual lo encontró mal herido a la mitad del camino. Donde nadie, ni el miembro de iglesia y ni el pastor quisieron socorrerlo.
Las ovejas sólo sirven para aprovecharle su lana. Venderla o hacernos vestidos. Eso son los miembros de iglesia para los pastores. Ser llamados “ovejas” es discriminatorio. La oveja es un animal. Usted y yo no somos animales.
Si lo anterior es en exceso una vergüenza social ante los avances de nuestras leyes, que condenan todo tipo de discriminación, y de la ley de Dios, peor aún será, la terrible mentira de que el evangelio debe salvar el “alma”.
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